jueves, 2 de diciembre de 2010

Si eso no es innovación, ¡que venga Dios y lo vea!


“La competitividad de una nación depende de la capacidad de su industria para innovar y mejorar. Las empresas consiguen ventajas competitivas si consiguen innovar” (Michael Porter)
Innovación. Qué gran palabra. Estamos en la era de la innovación y las empresas y profesionales hemos hecho de ella nuestro leitmotiv y nuestra bandera. Si echamos un vistazo a cualquier publicación económica, tanto impresa como digital, nos encontramos con que todas tienen ya su apartado de innovación.
La evolución de los mercados y los cambios en la cultura de consumo han obligado a las empresas de todos los sectores a adaptar sus estructuras y procesos a los nuevos requerimientos de la demanda. Todas han cambiado, han mejorado, se han adaptado. Pero, ¿han innovado? Aunque parezca una cuestión sin importancia, esta es una pregunta de gran calado que crea polémica en todos los entornos económicos.
El término innovación no está claro. Para muchos, innovar se asocia con tecnología. Para otros, innovar consiste en desarrollar alguna actividad que no exista previamente. Son también muchos los que consideran innovar cualquier cambio o adaptación de procesos para hacer mejor las cosas. Inclinarse hacia una u otra opción tiene una influencia considerable en las acciones a tomar por las organizaciones.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, Innovación es: 1. Acción y efecto de innovar y 2. Creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado.
A la vista de la segunda definición, parece que caben todos los tipos de prácticas enumerados anteriormente en el concepto Innovación. Tanto crear cosas que no existan previamente como modificar productos, procesos y servicios se podrían englobar en el término.
Sin embargo, cuando aparecen ayudas a la innovación o se organizan jornadas sobre innovación, parece no tener cabida una de las tendencias. “Solamente” mejorar procesos y productos no parece ser innovación. La i+D+i es más tecnológica, más ambiciosa, con más glamour. ¿Dónde quedan en este contexto las empresas tradicionales? ¿Cómo es posible que un gran número de pequeñas y medianas empresas, de corte tradicional y que llevan en el mercado varias décadas continúen aumentando sus cuentas de resultados si no innovan, únicamente mejorando sus procesos y adaptándose al mercado?
Según un artículo de The Economist “Mittel-management“, son las empresas tradicionales alemanas, las del sector manufacturero e industrial de toda la vida, las que sustentan la consolidación económica del país. En momentos de crisis son las que soportan la economía del país.
Son empresas que se mantienen fieles a los principios, a los objetivos y al negocio que plantearon en el momento que se crearon. No han roto moldes, no han hecho reingeniería y han cambiado desde cero. Son únicamente empresas que se han preocupado por adaptarse a los cambios del mercado, han adoptado la tecnología como herramienta, no como fin en sí mismo y han mejorado sus procesos y su organización. Son empresas que se han preocupado por incorporar pequeñas mejoras cada día.
Si eso no es innovación, ¡que venga Dios y lo vea!

No hay comentarios:

Publicar un comentario