jueves, 10 de junio de 2010

"EL CIELO NO AVISA"

Carmen Sampedro Frutos, nos ha proporcionado otro de sus poemas, que también va a leer el día 21, en la Casa de la Cultura.

“EL CIELO NO AVISA”

No basta con nacer:

asomar la cara y sabernos en casa.

En verano

los niños son delfines

que salpican de alegría el mar

cuyos volantes levatan olas,

alzan castillos de risas,

ecos de caracolas.

A todos iguales los viste la arena

cubos y palas entre ellos se dejan.

La tarde se adorna de fresa,

chocolate, vainilla,

y los jazmines pequeños

quieren ser niño o niña.

En otoño

los niños son golondrinas

que recogen sus alas en la escuela

y las trazan en cuadernos

que guardan bajo su almohada

para no perder el vuelo.

Meriendan pan y descanso.

La rama se va secando

y la hoja en silencio

desciende al reposo eterno.

En invierno

los niños son nubes.

Unos tras otros vuelan,

cometas abrigados,

atrapando mariposas que no existen,

se calientan del frío las manos.

Caballos con dos cabezas

un elefante sin trompa

aquel barco que navega

con la luna a proa.

Descifrando nieblas

el recreo los sorprende

y la tarde en la estufa

los sueños enciende.

No basta con nacer.

Es primavera

y los niños son los primeros

en imitar a las aves con sus canturreos

y dejar que el caballo de niebla

trote hacia otras tierras

donde ya es invierno.

Los niños saben que es primavera

cuando de plumas se llena la esfera

y la escuela pinta de color la tierra:

¡Verde, más verde,

que es primavera,

rojo,

amarillo,

color azucena!

Se quedan sin punta lápices y ceras.

Crecen los parques con la savia nueva.

Asomar la cara al mundo

sin miedos ni deudas.

Todos los niños juegan a la rueda,

círculos perfectos de cantos y promesas.

Nadie diría que el enemigo acecha,

el hombre del saco, espera en la puerta:

“No salgas hija,

no salgas a la cancela

aunque sea primavera,

que los niños y las niñas

ya no juegan a la rueda

pues de pájaros y flores

las calles están desiertas”.

No basta con nacer:

asomarnos inocentes a la espera

de que el mundo sea nuestra casa.

Y cuántas veces, demasiadas,

el brote tierno se tala.

No salgas nenita,

cierra la cancela

que el cielo no avisa

de las nubes negras.

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